Planificación y control de trabajos silvícolas bajo la perspectiva de la sostenibilidad

La primera acción a llevar a cabo por parte de los 10 miembros del equipo de trabajo del Proyecto del AFE Gestión Ambiental de la Vía Verde de la Plata II ha consistido en la planificación y control de la reducción de la vegetación en los márgenes del Camino Natural-Vía Verde de la Plata.

En esta entrada del blog trataremos de justificar la actuación y los criterios utilizados en su planificación apoyándonos en bibliografía y en nuestra metodología de trabajo de proyectos anteriores.

Lo que convencionalmente para otros no sería más que un simple desbroce “a hecho” sin más, según nuestra metodología de trabajo para la Gestión Ambiental, esta actuación concreta supone seguir un procedimiento complejo compuesto por varios pasos:

  1. Análisis de la información ambiental disponible (en el inventario).
  2. Revisión de la cartografía de la zona de actuación.
  3. Revisión in situ del estado actual de los recursos.
  4. Selección de los espacios a intervenir bajo criterios de sostenibilidad.
  5. Zonificación y señalización.
  6. Establecimiento de un plan de vigilancia y control a aplicar durante la ejecución de la acción.

Nuestra área de trabajo, el Camino Natural, desde un punto de vista de la vegetación se encuentra enclavada dentro de la serie típica salmantina de la encina.  La vegetación de encinas originaria de esta franja de territorio de unos 22 km de largo y varias hectáreas de superficie ha sufrido a lo largo de su historia natural multitud de usos.  Posiblemente en este espacio se han llevado a cabo aprovechamientos a lo largo de la historia, que van desde los silvopastoriles de épocas prerromanas, hasta la posterior formación de las dehesas, pasando por fases intermedias de abandono del bosque, creación de zonas de pastos, vías pecuarias, agricultura y asentamientos urbanos, etc. En la fase más reciente destacamos que durante un siglo, desde 1896, este corredor fue ocupado por el uso como vía férrea, para sufrir después una fase de semi-abandono de casi 20 años. Desde 2013 el uso es público como Camino Natural. Tanto en el pasado lejano como en el reciente, en cada época el ser humano ha intervenido en este espacio para dar respuesta a sus demandas sociales, y algunas de sus consecuencias son apreciadas aún a simple vista en el paisaje de hoy en día. Alguna de las intervenciones más comunes que con seguridad se han realizado en un espacio como este han sido las rozas y aclareos.

Las rozas y aclareos han formado parte de los tratamientos culturales en la silvicultura tradicional en nuestra zona y los objetivos de aquellas rozas eran bien distintos a los objetivos de las rozas actuales. A menudo se utilizaban por ejemplo en las dehesas para facilitar el uso ganadero, la extracción de leñas y la reducción del riesgo de incendios, realizándose siempre manualmente. Para ello se solían seleccionar áreas muy concretas de la dehesa siguiendo un sistema de rotación de tal manera que cada 9 años aproximadamente se intervenía en un área, conservando el resto hasta que llegara su turno. Podríamos decir que estas tareas entran en conflicto con la conservación del ecosistema originario del encinar, pero la verdad es que el impacto que causaban era asimilable ecológicamente. La consecuencia perdurable en el paisaje han sido las dehesas ahuecadas presentes hoy en día a ambos lados del Camino en algunos tramos.

Con el tiempo, con la llegada de la maquinaria pesada esos tratamientos silvícolas evolucionaron hacia las llamadas rozas y roturaciones convencionales, muy extendidas en ambientes mediterráneos como el nuestro. En este tratamiento se intervienen grandes extensiones de encinar debido a la facilidad de movimientos de la maquinaria disponible y a las ayudas y subvenciones que han existido para este tipo de acciones. Maquinaria por otra parte difícil de controlar ya que no es selectiva ni precisa a la hora de la conservación de plantones regenerados de encina, por ejemplo. La consecuencia en el paisaje son dehesas roturadas y despejadas sin regeneración también fáciles de observar a ambos lados del Camino en algunos puntos.

Este tipo de rozas y laboreos convencionales, sin embargo, generan un enorme conflicto desde el punto de vista de la sostenibilidad:

  • Elimina matorral espinoso, que es el hábitat de especies dispersantes de semillas, sobre todo de aves.
  • Eliminación de los conocidos como matorrales “nodriza” que facilitan la regeneración natural.
  • Favorecimiento de las plantas herbáceas que inhiben el crecimiento de nuevos plantones de encina.
  • Aumento de la temperatura en la superficie del suelo y aumento de la evaporación (déficit hídrico del subsuelo y acuíferos).
  • Aumento de la erosión del suelo.
  • Reducción de la capa de hojarasca del suelo, importante para la microfauna.
  • Disminución de plantas arbustivas de frutos carnosos de dispersión zoocora propias de estados sucesionales avanzados del bosque de encinas.

Los tratamientos seguidos convencionalmente hasta ahora se engloban en la denominada Gestión multifuncional, cuyo único objetivo es garantizar la rentabilidad presente del aprovechamiento según una visión exclusivamente utilitarista de la naturaleza. Los bosques de encinas como los localizados en nuestra zona están muy humanizados desde hace miles de años. Se ha intervenido aquí desde con el hacha hasta los agroquímicos, dos elementos que sin duda han hecho acto de presencia en algún momento en la historia del Camino Natural de hoy en día.

Sin embargo, hay una tendencia desde hace varios años para que todas las técnicas de silvicultura convencional, y la roza se encuentra incluida en ellas, sufran una renovación continuada y paulatina. Por un lado, al aplicarlas ya se están comenzando a incluir nuevas demandas sociales del territorio que antes no existían, y por otro lado también se están valorando avances en los conocimientos sobre diversidad biológica y ecología.

A pesar de que en muchos espacios los nuevos usos y las demandas sociales han evolucionado existe una inercia, y aún sigue predominando en muchos casos el excesivo intervencionismo que choca con los criterios de sostenibilidad. Como ejemplo podemos pensar en el corredor que hoy en día constituye el Camino Natural. Durante más de 100 años su uso como vía férrea obligó a la utilización de técnicas de roza muy drásticas para evitar accidentes. Al transformarse en Camino Natural la inercia de ese tipo de técnicas drásticas e insostenibles perduró durante su fase de construcción, y podría perdurar durante la fase de conservación del Camino si no se incluyen las adaptaciones de sostenibilidad de la tendencia actual.

La creencia de que nuestro ecosistema es un ente estático aún perdura y tiene mucho que ver con nuestros rasgos culturales, pero la realidad es muy distinta. Los ecosistemas son dinámicos y hay que actuar acorde a esa premisa. Las labores de educación ambiental destinadas a los usuarios y población local del Camino son arduas  para cambiar estas creencias, pero ya se están llevando a cabo iniciativas locales cuyos objetivos son el poner en valor precisamente los recursos naturales presentes en los ecosistemas de la zona y la importancia de su conservación, con programas de educación ambiental y monitores ambientales especializados. El anterior Proyecto del AFE de Gestión Ambiental tenía entre sus objetivos crear los recursos para la interpretación y educación ambiental en el Camino Natural-Vía Verde de la Plata. En las entradas antiguas de este blog podemos consultar algunos de estos trabajos.

Para aplicar una Gestión Ambiental Sostenible en un espacio como el Camino Natural se podría optar por tomar varias opciones:

  • Gestión importada: Importar modelos inadecuados tomados en países muy distintos (caso de la importación de maquinarias de roza de alta intensificación). Responde a algunas demandas sociales pero no parece muy aconsejable desde el punto de vista ecológico y elimina la opción de algunas demandas.
  • Gestión pasiva: No intervenir de ninguna manera en el medio con la idea de que para hacerlo mal mejor no hacer nada. No da respuesta a las demandas sociales luego tampoco es muy conveniente.
  • Gestión activa. Intervenir para dar respuesta a todas demandas de una manera integradora a la vez que se valora el cómo y el dónde. La más aconsejable.

En esta gestión activa sostenible e integradora es fundamental una adaptación de las actuaciones silvícolas según un bagaje de conocimientos naturales del entorno. Pero puede no ser suficiente porque el sistema natural es muy complejo, y además existen diferentes puntos de vista dependiendo del colectivo usuario del espacio público. A ello se une que cuando se encuentra una incidencia no se conoce muchas veces el origen de un problema ambiental, y es difícil fijar objetivos cuando hay,  en ocasiones, intereses contrapuestos. En la gestión activa los problemas son complejos y por lo tanto requieren de soluciones también complejas. No tienen una única solución correcta o incorrecta. En realidad, existen muchas soluciones más o menos adecuadas y para saber su idoneidad es necesario tener cuanta más información disponible mejor. Siempre habrá una cierta incertidumbre a la hora de tomar las decisiones, pero cuando se tome la decisión debe fundamentarse adecuadamente en base a la información disponible.

Según la información y el análisis sobre los impactos y la degradación ambiental estudiados, el equipo de Gestión Ambiental ha observado que la serie de encinares salmantinos de la Vía Verde de la Plata ha sufrido diversas degradaciones a lo largo de su historia de explotación por parte del ser humano. En los 22 km. de longitud de su franja sobre el territorio podemos encontrarnos:

  1. Áreas donde se han alcanzado niveles muy altos de degradación. En ellas la vegetación puede haber perdido toda posibilidad de recuperación.
  2. Áreas degradadas regeneradas de manera natural y que en muchas ocasiones se encuentran desfragmentadas.
  3. Áreas degradadas regeneradas pero ancladas en los primeros estadios de sucesión.

En cada zona identificada la gestión activa sostenible debe seguir unos criterios concretos bien planificados. Por otro lado las actuaciones silvícolas actuales, en este caso la roza, siempre debe considerar actuaciones futuras en cumplimiento de unos objetivos de sostenibilidad marcados en cada franja.

Según la información sobre las demandas sociales del espacio público del Camino Natural, en la actualidad, el nuevo uso posee nuevas demandas muy distintas a las que existieron en el pasado cuando era vía férrea. Las nuevas demandas observadas son:

  • Interpretación y Educación Ambiental
  • Espacio para la investigación
  • Deportiva: Senderismo, Running, BTT…
  • Todos los posibles usos recogidos en la normativa de la Ordenanza reguladora.

Obviamente cada demanda debe tenerse en cuenta a la hora de la Gestión de una manera integrada que satisfaga, en la medida de lo posible, a todos.

Pero como hemos mencionado ya,  al igual que han evolucionado las demandas sociales del territorio también han evolucionado los avances en el conocimiento de la ecología de las especies y de los procesos naturales. La Gestión a aplicar ahora, además de estar adaptada a  los avances existentes en conocimientos naturales, debe tener en cuenta:

  • Ecosistemas
  • Biodiversidad
  • Ciclos Naturales
  • Avances científicos en cuanto a conservación

Podríamos esgrimir una serie de mecanismos que podrían ayudarnos a lograr una gestión más sostenible y que consideraran los cambios que se producen permanentemente en los ecosistemas:

  • El apoyo en trabajos experimentales y de investigación en la zona.
  • Crear observatorios y custodias del territorio.
  • Crear modelos de diagnóstico que nos permitan la sostenibilidad de los distintos usos que tienen lugar.

Se trata de una Gestión activa, integradora, adaptativa y sostenible que no va a estar exenta de dificultades en su aplicación:

  • Como conocemos, ya existe una enorme inercia de las prácticas existentes en la Gestión multifuncional convencionalmente utilizada, muchas veces impulsadas desde la propia administración.
  • La singularidad de la vegetación de los Encinares Salmantinos que ocupan el territorio obliga a dedicar un tiempo de estudio y análisis.
  • La tendencia general a importar prácticas silvícolas de otras zonas poco o nada semejantes a nuestros encinares, como solución definitiva (la prensa está llena de noticias que informan sobre las nuevas adquisiciones en maquinaria importada)
  • La necesidad de crear nuevas metodologías de Gestión sostenible que se adapten a nuestras circunstancias naturales y sociales.
  • La escasez de transferencias entre investigadores y gestores, ya que no existen mecanismos ni estructuras de transferencia creadas.

En la corta historia de la Gestión Ambiental en el Camino Natural-Vía Verde de la Plata han surgido algunas iniciativas que se dirigen en la línea de la sostenibilidad, muchas de ellas presentadas en este blog. Pero todas estas cuestiones convendría que se pudieran recoger en un Plan de Gestión de Recursos del Camino donde se tuvieran en cuenta los aspectos de:

  • Capacidad de regeneración natural en función de las condiciones ambientales.
  • La dispersión.
  • Los herbívoros.
  • Los incendios.
  • Los impactos de los distintos aprovechamientos.
  • La variabilidad genética, etc.

Un Plan elaborado de tal manera que se tuviera en cuenta como base de trabajo la información ambiental acumulada a lo largo de los años sobre el ecosistema de las series de vegetación de los encinares salmantinos en el Camino. Esa información puede ser interna (inventarios) pero también obtenida a través de mecanismos de trasferencia de información con investigadores externos. Si no se tiene en cuenta este flujo de información ambiental hacia la gestión se corre el riesgo de que se transforme en una serie de actuaciones rutinarias que satisfagan ciertos trámites o demandas de origen administrativo pero vacías de contenido científico-técnico. No considerando los contenidos ambientales y ecológicos no se cumpliría el objetivo prioritario marcado desde el inicio de la Gestión Ambiental del Camino Natural- Vía de la Plata, que no es otro que la conservación a largo plazo del ecosistema y del patrimonio cultural.

Por lo tanto, se hace necesario, paralelo a la gestión, mantener mecanismos que trabajen en continuo, encaminados a incrementar los conocimientos sobre los recursos naturales y las relaciones ecológicas existentes.  El modelo interno establecido con anterioridad para la gestión Ambiental del Camino Natural mantiene desde sus inicios la realización de un inventario de recursos naturales propios cuya continuidad es fundamental para la posterior toma de decisiones en la gestión sostenible.

Pero bien podrían haberse tomado modelos de gestión externos importados, o haber usado bases de datos de recursos naturales alóctonas para la toma de decisiones. Pero poco se parecen, por ejemplo, los bosques mediterráneos a los bosques canadienses o alemanes si deseáramos tomar un modelo de gestión canadiense o centroeuropeo aquí. O nada se iban a poner en valor el conjunto de los recursos endógenos si los datos ambientales con los que trabajamos son de lugares remotos.

Pero sea cual sea el modelo que tomemos, los criterios de sostenibilidad no siempre son bien entendidos y la educación ambiental debe considerar su comprensión entre sus objetivos específicos, por ejemplo, tradicionalmente se ha pensado que la vegetación arbustiva en un encinar era competencia para los plantones de encina, por ello siempre se procedió a su eliminación convencionalmente, pero cada vez hay más experiencias que confirman que la proximidad de las encinas a otras plantas puede ser beneficiosa para ellas en ambientes con estrés hídrico y por insolación, como en el caso de nuestros encinares en determinadas épocas. Las encinas situadas bajo el matorral progresan mejor porque en ese suelo habrá más contenido de humedad, la radiación es baja en verano y también será más baja la temperatura estival del aire y del suelo. Por lo tanto, conservar plantas “nodriza” como matorrales es fundamental para la vegetación del ecosistema del encinar. Por ello, las medidas encaminadas a la regeneración de encinas deberían conservar el matorral, lo cual por otra parte rebaja costes ya que no sería necesaria su eliminación en muchas franjas de la Vía.

En la zona donde discurre la Vía Verde de la Plata existen áreas de dehesas. Son un ecosistema seminatural enormemente humanizado. Son el vestigio de sus bosques de encinas que debieron existir en el pasado. Pero se ha observado que en algunas dehesas se presenta una enorme cantidad de árbol envejecido, con una escasa o nula regeneración. Esto es sin duda una posible amenaza para este recurso en el futuro. Sin embargo, con una gestión sostenible, los 22 km. de Camino Natural pueden constituir un espacio de regeneración que puede contribuir a la expansión de los encinares y favorecer la conservación de las dehesas existentes y la ampliación de superficie de las mismas.

Apenas existen en bibliografía experiencias en seguimientos con un plazo lo suficientemente amplio como para sacar conclusiones sobre los resultados y establecer un modelo. El proyecto de  Gestión Ambiental del Camino Natural-Vía Verde de la Plata puede servirnos de experiencia para establecer un modelo propio a largo plazo y continuo de gestión encaminado a la regeneración del bosque de encinas y el mantenimiento de bioaprovechamientos tradicionales de la dehesa. Para garantizar la continuidad del modelo podrían crearse observatorios ambientales del Camino Natural.

Lo que sí que está claro es que para favorecer la regeneración del bosque de encinas habrá que elaborar una planificación y zonificación de actuaciones.

Así habrá zonas donde lo recomendable sea:

  • Plantaciones. Allí donde no hay nada de cobertura arbórea y es difícil que llegue la semilla. Estado muy alterado y fragmentado.
  • Acotamiento. Allí donde haya zonas arbóreas con suficiente regeneración natural. Ambientes poco degradados y fragmentados.
  • Restricción del ganado. Donde haya regeneración muy limitada por el ramoneo del ganado.
  • Plantación de semillas y plantones. Allí donde las áreas están en estadios iniciales de la sucesión y haya ausencia de matorral y arbolado.

Sería recomendable prescribir un régimen de rozas a distintos intervalos del camino que favorecieran la diversidad a la vez que se facilitan posteriores tratamientos silvícolas en pro de la regeneración, pero también reservar franjas sin rozar que mantengan diversidad de matorrales, sobre todo de frutos carnosos.

A continuación, presentamos un ejemplo de diferentes zonas que han sido acotadas para la planificación del tratamiento de roza en una parte del Camino Natural, así como el listado de especies inventariadas que han servido de criterio y justificación de dicho acotamiento en cada zona según el principio de sostenibilidad ambiental.

desbroce-con-leyendas

 

Especies  arbustivas presentes en la Zona 1:

  • Cistus ladanifer
  • Thymus mastichina
  • Cytisus scoparius
  • Asparagus acutifolius
  • Rosa canina
  • Thymus zygis
  • Cytisus multiflorus
  • Lavandula pedunculata
  • Cistus laurifolius
  • Genista histrix
  • Halimium viscosum
  • Retama sphaerocarpa
  • Rubus ulmifolius
  • Equisetum arvense
  • Santolina rosmarinifolia
  • Heliamthemum violaceum
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Cistus ladanifer
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Halimium viscosum

Especies  arbustivas presentes en la zona 2:

  • Cistus ladanifer
  • Thymus mastichina
  • Cytisus scoparius
  • Thymus mastichina
  • Tamarix sp.
  • Cytisus scoparius
  • Asparagus acutifolius
  • Rosa canina
  • Daphne gnidium
  • Thymus zygis
  • Cytisus multiflorus
  • Lavandula pedunculata
  • Heliamthemum violaceum
  • Ulex europaeus
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Tamarix sp.
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Rosa canina

Especies  arbustivas presentes en la zona 3:

  • Asparagus acutifolius
  • Rosa canina
  • Daphne gnidium
  • Thymus zygis
  • Genista histrix
  • Lavandula pedunculata
  • Ulex europaeus
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Lavandula pedunculata
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Daphne gnidium

Bibliografía

Valladares, F. 2008. Ecología del bosque mediterráneo en un mundo cambiante (Segunda edición). Páginas 511-532. Ministerio de Medio Ambiente. EGRAF, S.A. Madrid. ISBN:978-84-8014-738-5.

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